Ese es el caso de Jennifer López. No contenta con estar continuamente al frente de las listas de popularidad con su contagioso género de Pop Latino y R&B, se le ha atribuido el crédito de revitalizar la industria de los perfumes con el lanzamiento en el 2002 de Glow. J Lo fue la primera en capitalizar su estatus de estrella para vender un perfume. Su primer perfume se convirtió en el segundo lanzamiento más exitoso que ha habido (el primero fue el de CK One que marcó una década) tan pronto como se puso a la venta.
Pocos años después el crecimiento de los perfumes creados por estrellas ha sido el más rápido del mercado. Pero ¿quiénes compran este fenómeno?,
parece que no sólo los fanáticos de J Lo, Britney, Beyoncé y Paris. Porque claro, si eres admirador de una estrella tienes que tener su perfume también. Lo que
sus críticos olvidan es que estas estrellas ponen su nombre y su reputación en la botella, así que sus perfumes son tan escrupulosamente pensados como su
imagen. Esto explica por qué la calidad de estos perfumes es tan alta. Si fueras una estrella, ¿estarías dispuesto a asociar tu nombre a un perfume de mediana
calidad? Es mucho lo que está en juego. Por eso es que la fragancia homónima de Paris Hilton resulta ser una aventura sofisticada, brillante y pulida, creada por la muy entrenada nariz de Steve Demarcado, el hombre detrás del primer perfume de Marc Jacobs. Del mismo modo el exitoso Live, cuarto perfume de J Lo, fue concebido por uno de los diseñadores de perfumes más estimados del mundo, Dominique Ripión. Mientras que J Lo goza de todo el crédito, en realidad fue Catherine Deneuve, una de las caras más representativas en la Historia del cine, quien creó por primera vez un perfume con su nombre. Lanzado en 1986, el perfume- como sus películas- fue todo un éxito. Pero en una revista Elle a principios de los noventas fue citada diciendo: “Disfruté trabajar en este perfume pero los actores y los perfumes son una combinación imposible”. Poco después dejaron de producir la fragancia.
Su amiga, Elizabeth Taylor, no compartió su desilusión y en 1991 lanzó White Diamonds que probó ser un gran éxito. A pesar de ciertos saboteadores en la industria que declararon que la duración del impacto de una fragancia de estas es mucho más corta que en el caso de las regulares, Taylor, pudo probar que estaban equivocados. White Diamonds no sólo es un éxito de venta es, también, un clásico absoluto. No sólo las princesas del Pop y las actrices de primera
han metido sus narices en la industria, también las figuras del deporte están explotando sus credenciales creando sus propios perfumes. María Sharapova, as del tenis, lanzó el suyo en el 2005 aprovechando su triunfo del 2004 en Wimbledon. Astutamente, la fragancia reúne pétalos de Rosa Inglesa y pasto de
Wimbledon con notas inusuales, un verdadero homenaje a uno de los talentos
más atractivos del tenis. De todos estos recientes perfumes, uno captó la imaginación de cada admirador de Sexo en la ciudad desde Buenos Aires hasta
Berlín, Lovely de Sarah Jessica Parker que fue lanzado en el 2005. Ningún experto de la moda que se precie de serlo iba a perderse la oportunidad de comprar este ecléctico perfume. Y la fragancia no los decepcionó. Sorpresivamente femenino, probó por sí mismo que es controversial pero
usable, a diferencia de la mayor parte de su atroz vestimenta en la serie de TV. En julio siguió adelante con su segundo perfume, Covet, que es
bien reconocido por su inusual mezcla de limón siciliano y chocolate con trazas de cachemira y ámbar. ¿Qué podemos esperar entonces del vertiginoso mundo de los perfumes de los famosos? ¿Nos aburriremos con tantas estrellas
vendiendo “esencia de mí” embotellada? Con el lanzamiento de Mariah Carey a la vuelta de la esquina y una rumoreada fragancia de Madonna, en conjunto con una resplandeciente edición limitada de frascos de Glow y Glow Alter Dark que se avecinan para este invierno, lo dudo muchísimo.